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No quiero ninguna maldita reforma constitucional

El sistema está cayéndose a pedazos. Estoy totalmente de acuerdo. No existe división de poderes y directamente han quitado la puerta giratoria entre la empresa y la política para poner una alfombra roja. Pero no quiero ninguna maldita reforma constitucional, no quiero ningún nuevo proceso constituyente. ¿Para qué? ¿Para proclamar que el pueblo es el auténtico soberano? Ya lo dice el artículo 1.2 de la Constitución de 1978. ¿Para que nuestro orden político se base en la libertad, la igualdad, la justicia, la dignidad humana? Artículos 1.1 y 10. ¿Para que los partidos políticos sean organizaciones democráticas y no chiringuitos copados por impresentables y mediocres? Ya lo dice el artículo 6. ¿Para que la Ley sea igual para todos? Me remito al artículo 14. ¿Un poder judicial independiente? Lo dice el 117.1; y la interpretación más razonable -y originaria- del 122.3 establece que más de la mitad del Consejo General del Poder Judicial se elegirá por los propios jueces y no por los políticos.

¿Queremos una Constitución para poder reunirnos y manifestarnos libremente? El artículo 21 nos reconoce este derecho. No sé, ¿queremos una policía que en vez de atizar manifestantes garantice nuestro derecho de manifestación? Ahí está el artículo 104.1 (“tendrán como misión proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades”), el derecho a la integridad física del artículo 15 y a la libertad personal del artículo 17. ¿Queremos unos medios que no manipulen la información el día después? Tenemos el derecho a recibir información veraz en virtud del artículo 20.1.d). ¿Queremos participar directamente en los asuntos públicos? Artículo 23.1.

¿Y el orden socioeconómico? ¿Queremos que paguen más los que más tienen? Artículo 31. ¿Derecho al trabajo, a una sistema de seguridad social y de sanidad públicos, derecho a la vivienda? Artículos 35, 41, 43 y 47. ¿O acaso queremos que los poderes públicos protejan a la familia, promuevan el progreso social y económico y una distribución más equitativa de la renta, en lugar de salvar a los bancos y desentenderse de las familias desahuciadas? Echadle un ojo a los artículos 39 y 40 de la Constitución. ¿Cultura para todos? Artículo 44. ¿Protección del medio ambiente? Artículo 45. ¿Regulación de la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación? Pues es cita literal del artículo 47.1. Igual queremos que la economía no sea la que mande, pero es que toda la riqueza del país está subordinada al interés general según el artículo 128.1. ¡Y el artículo 131 regula la planificación económica estatal y el 129.2 dice que los poderes públicos facilitarán el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción!

Es verdad que hay muchas partes de la Constitución de 1978 que podrían mejorarse. Nuestra organización territorial es un caos, la principal forma de dotar de progresividad al sistema electoral -eliminar la provincia como circunscripción- exige una reforma del artículo 68.2, la jefatura de Estado es todavía hereditaria y por vía masculina, el referéndum es facultativo y no vinculante y faltan mecanismos de democracia directa… pero el problema fundamental de la Constitución española no es lo que le falta. El problema es que se viola sistemáticamente.

Muchos tienen ante el Derecho algo parecido a una tendencia fetichista. Como si poner algo por escrito constituyera una garantía. Pues, sintiéndolo mucho, no funciona así. El Derecho tiene la fuerza que tenga el poder que lo sostiene. Durante mucho tiempo una gran mayoría ciudadana se quedó en su casa (hipotecada), fue aceptando pequeños recortes de libertades, el debilitamiento del Estado que le tenía que proveer de bienes y servicios públicos básicos o la degeneración más absoluta de la política a manos de los partidos. Y ¡sorpresa! los de arriba legislaron y dirigieron el país en defensa de sus intereses. Ahora hay que reconstruir el poder de los de abajo, volver a encontrarnos y hacer cosas juntos. Igual la reforma constitucional es una bandera que pueda aglutinar a muchos. Pero es que es lo de menos: si después de redactar una nueva constitución todos volvemos a nuestras casas con la satisfacción del deber cumplido, no habremos pasado del punto de partida. El Derecho está sobrevalorado. Palabra de jurista. Los derechos no se garantizan escribiéndolos en un papel. Esa parte ya está hecha y ahora lo que toca es luchar por ellos.


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¿Déficit presupuestario o déficit democrático?

Deficit reduction is no longer simply our hope and our goal; deficit reduction is now the law
Deficit reduction must mean spending reductions” (Ronald Reagan, 1985).

Desde que se anunció la reforma constitucional y muchos nos quedamos a cuadros, he estado mirando por aquí y allí, intentando entender qué quiere decir eso de déficit estructural, si es positivo o negativo que el Estado se endeude y un puñado de cosas más. Como ya mandan los “mercados”, están obligando a que los juristas aprendamos o recordemos economía a marchas forzadas. Sigue leyendo