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Fiscalidad y externalidades: los tributos ecológicos y el impuesto Tobin

Un sistema tributario tiene dos funciones fundamentales: redistribuir la riqueza (por eso el sistema tiene, en teoría, que ser progresivo) y obtener recursos para financiar las funciones del Estado (educación, sanidad, justicia, seguridad, obras públicas…). Además, los tributos pueden tener otros objetivos, que se denominan extrafiscales. Un buen ejemplo son los impuestos ecológicos, cuyo objetivo fundamental no es redistribuir o recaudar, sino desincentivar determinadas actuaciones que contaminan el medio ambiente.
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La Comisión presenta su propuesta para un impuesto sobre las transacciones financieras

Exactamente eso, la Comisión Europea se suma a los indignados y pide un impuesto sobre las transacciones financieras, que viene a ser una “tasa Tobin” pero con una base imponible más amplia, ya que se aplicará a toda una serie de operaciones en bolsa y otros mercados financieros no regulados. Sigue leyendo

El impuesto Tobin ya no es cosa de los “antisistema”

La “tasa Tobin” es un instrumento tributario propuesto por primera vez en 1972 por el economista keynesiano James Tobin (Premio Nobel en 1981), con el que se pretendía evitar los efectos de la liberalización de la convertibilidad de las monedas, tras abandonar Estados Unidos el sistema acordado en Bretton Woods de tipos de cambio fijos en relación a un patrón oro. En palabras de James Tobin, cuando Estados Unidos se despidió de dicho sistema y, al mismo tiempo, las primeras transacciones electrónicas de dinero por ordenador prometían un gigantesco aumento del número de transacciones, buscó la forma de aminorar la velocidad de este proceso para que se especulara menos y para que los tipos de cambio no fluctuaran tanto (entrevista en Der Spiegel, 31/2001, traducción al castellano aquí).

Con el tiempo, la creación de un impuesto sobre las transacciones financieras se convirtió en un caballo de batalla del movimiento alterglobalizacación y encontró la oposicíón frontal del Fondo Monetario Internacional y, en general, del pensamiento neoliberal. En Bruselas, el establecimiento de un impuesto de este tipo era “tabú” en 2008. Y sin embargo, el pasado 11 de diciembre de 2009, los jefes de Estado y Gobierno europeos firmaron una declaración que “anima al FMI a considerar […] una tasa mundial sobre transacciones financieras”. ¿Qué ha cambiado? El desastre de la crisis financiera, el coste del rescate de las instituciones bancarias y lo escandaloso de -pese a todo- las retribuciones de los altos empresarios, muestran la necesidad de “renovar el contrato económico y social entre las entidades financieras y la sociedad a la que sirven”. Es decir, reformar -¿o maquillar?- el sistema.

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