Archivo de la etiqueta: derechos humanos

Ser ciudadano molaba en el siglo XVIII

Dicen que en plena Revolución Francesa la gente se llamaba “ciudadano” por la calle. Frente al súbdito del Antiguo Régimen, el de ciudadano apareció como un concepto emancipador. El ciudadano formaría parte de una sociedad de libres e iguales: en 1789, el proyecto emancipatorio de la Ilustración, de la Modernidad, prometía grandes cosas, y cumplió una parte de ellas. Además, la presión de grupos sociales (las mujeres, la clase obrera…) consiguió nuevos ámbitos de reconocimiento y dignidades. La historia es conocida, al menos en sus grandes líneas. Pero, del mismo modo, el proyecto moderno contenía riesgos que también se materializaron y generaron espacios de exclusión. Y, como la Historia avanza, o eso dicen (al menos, los proyectos sociales nacen, crecen y mueren), ha llegado un momento en que la expansión de la ciudadanía a nuevos colectivos parece haber alcanzado un límite difícil de franquear: el de la nacionalidad. En el Estado del siglo XXI, el obrero puede ser ciudadano, la mujer puede ser ciudadana. Sin embargo, el extranjero no puede ser ciudadano: está excluido de la comunidad política y evidentemente, en una democracia representativa, si alguien no vota los políticos no tienen incentivo alguno para mirar por sus intereses.

Así empieza mi nueva colaboración con el blog Contrapoder en eldiario.es, sobre cómo los extranjeros son ciudadanos de segunda. Precisamente hoy mismo se ha sabido que Iris Urquidi, que lleva viviendo diez años en Madrid y se presentaba a las municipales por Ahora Madrid, ha tenido que renunciar a su candidatura por tener pasaporte de Bolivia. Es odioso cuando te dan tan pronto la razón en cosas como esa. Pues seguir leyendo mi artículo aquí.

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Seis mil bebés borrados

El hostigamiento que los poderes públicos realizan contra las personas extranjeras tiene muchas formas, unas más obvias y otras más sutiles. De todas ellas, una especialmente grave y absurda es la creación de trabas para recibir asistencia sanitaria (o, en casos extremos, la negación absoluta de tal asistencia). Especialmente grave porque estamos jugando con la salud y la vida de la gente; especialmente absurdo porque las enfermedades se contagian. La salud es un bien público e indivisible. Sigue leyendo

Si somos racistas por su seguridad, ya no es racismo

Muchas personas, comprometidas con los derechos humanos, estamos sintiendo una creciente preocupación por las medidas que se van anunciando, en rápida sucesión, tras el atentado contra la redacción de Charlie Hebdo. En España, el Gobierno ha incrementado el nivel de alerta terrorista al 3 (“riesgo muy alto de atentado”), lo cual implica el despliegue de fuerzas y cuerpos de seguridad en la vía pública. Pues bien, parece que en los controles que la Policía puede realizar al amparo de la Ley de Seguridad Ciudadana (siempre que sea necesario para la protección de la seguridad) se estarían siguiendo criterios racistas en la identificación de las personas transeúntes. Sigue leyendo

Nos roban la salud con la Ley y la palabra

El 31 de agosto, eldiario.es daba la noticia de que una mujer venezolana había sufrido un aborto tras serle denegada asistencia médica varias veces en un hospital valenciano. La historia, terrible, condensa varias miserias que han crecido como hongos allá donde se cruzan el derecho y la economía y se subordina la dignidad humana a las exigencias del capitalismo más depredador.

Milagros Villalobos, la protagonista –sin duda a su pesar– de esta historia, emigró a España en 2006. Llegó un momento en que perdió su empleo y eso le impidió renovar su permiso de residencia: en términos generales, las autorizaciones de residencia y trabajo por cuenta ajena sólo se renuevan si se ha trabajado la mayor parte del tiempo de su vigencia y se tiene un contrato en vigor en la fecha de renovación. Como no contaba con él, Milagros Villalobos quedó en situación irregular.

Este post es una colaboración en eldiario.es y puedes seguir leyéndola allí.

La libertad de expresión

Hay una frase de Voltaire que se considera un buen resumen de lo que debe ser la libertad de expresión: “Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. En realidad, Voltaire nunca dijo tal cosa: la frase es de Evelyn Beatrice Hall, una escritora británica que escribió una biografía del ilustrado francés e incluyó esa frase que, eso sí, intentaba condensar el pensamiento de Voltaire.

En cualquier caso, yo no estoy de acuerdo con esa frase. No sé si eso me hace un peligroso enemigo de la libertad de expresión. Tal vez podremos decidir si es así después de que exponga mis razones. Sigue leyendo

Una propuesta de Ley de Extranjería para una “inmigración circular”

“Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

Así empezaba la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América de 1776. Hoy más que nunca, la búsqueda de la felicidad, derecho inalienable de todo ser humano, no entiende de fronteras. Pero debe enfrentarse a leyes, vallas, policías, concertinas. La Ley de Extranjería española es tan cruel como ineficaz: ni respeta los derechos humanos ni gestiona bien los flujos migratorios.
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Locutorios con pasaporte

Nuestro Gobierno siempre busca nuevas formas de hacer un poco más difícil la vida de las personas migrantes. El artículo 24.1 del anteproyecto de Ley de Seguridad Ciudadana haría necesario identificarse para poder hacer uso de un locutorio. En teoría, según las declaraciones del Ministerio de Interior recogidas en la prensa, la obligación se desarrollará reglamentariamente y allí se establecerá qué tipo de documentos son admisibles. La cuestión clave en este caso es que, siempre según la noticia citada, “Interior aún no sabe si permitirá que los clientes presenten documentación de otros países y si la admitirá en el caso de que no tenga el visado reglamentario”. Una persona en situación irregular no tiene tarjeta de residencia o NIE, sino que sólo puede acreditar su identidad mediante el pasaporte de su país de origen. El pasaporte, de más está decirlo, es un documento totalmente estandarizado y admisible por definición en cualquier país como mecanismo para probar la identidad de su titular.
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