Los presupuestos de 2016 o el cuento de nunca acabar

Un gobierno que ha cometido barbaridades a mansalva en materia de producción normativa no iba a irse por la puerta pequeña: eso es evidente. El último regalo que va a dejarnos, probablemente, es una Ley de Presupuestos que está dando mucho de qué hablar. Vamos a ver los motivos.

Primera barbaridad, el Gobierno del PP decidió que íbamos a ir a votar con los presupuestos de 2016 ya aprobados. Esto es formalmente posible, pero bastante reprobable. ¿Por qué? Hay dos datos relevantes sobre el presupuesto: es de vigencia anual y el Gobierno es el único que puede presentar el proyecto de Ley. Cuando se pensó el artículo 134 de la Constitución, lo que preocupaba a sus redactores era que el Gobierno presentase el proyecto más tarde de la cuenta y no diera tiempo a aprobarlos antes de que el 31 de diciembre las cuentas vigentes se convirtieran en calabaza. Por eso el constituyente dijo que el Gobierno tendría que presentar el proyecto como muy tarde el uno de octubre y que, si aún así, no se aprobaba antes de fin de año, los presupuestos anteriores se prorrogarían hasta que se aprobaran los nuevos.

A (casi) nadie se le ocurrió pensar que el Gobierno presentaría los presupuestos antes de la cuenta. Pero nuestro Gobierno siempre está pensando formas de sorprendernos. Aunque no hay ninguna regla jurídica que lo prohíba expresamente, con la aprobación de los presupuestos antes de las nuevas elecciones el Gobierno-Parlamento estará ejerciendo un poder más allá de lo que le corresponde desde un punto de vista temporal. Una legislatura dura cuatro años, pero este Parlamento habrá aprobado cinco presupuestos: los de 2012, 2013, 2014, 2015 y 2016. Y es que lo cierto es que ni le corresponde al Gobierno presentar ni al Parlamento aprobar unos presupuestos que ejecutará (esperemos) otro Gobierno y cuya ejecución supervisará (en eso sí no cabe duda) un Parlamento muy diferente al actual.

El objetivo es evidente: si el PP consigue formar Gobierno, ya tiene los primeros presupuestos aprobados cómodamente, gracias a su mayoría absoluta actual (que ni en las mejores previsiones reeditará). Si no lo forma, ahí queda el problema para el siguiente Gobierno. ¿Qué problema? El problema de tener autorizados unos gastos que no tienen que ser necesariamente coherentes con su programa y el problema de negociar con Bruselas.

Segunda barbaridad: el Gobierno está presentado unos presupuestos que, según Bruselas, no son realistas. Aquí preguntaréis, ¿qué tiene que ver Bruselas con los Presupuestos de España? Mucho. Resumiendo, existe un mecanismo de supervisión multilateral (que implica, por ejemplo, que España tiene que presentar en abril de cada año a la Comisión y al Consejo un programa de estabilidad, con objetivos plurianuales de déficit y las medidas para alcanzarlos, entre otros elementos); existe también, porque nuestro déficit ha superado el 3% del PIB, un procedimiento de déficit excesivo, con una supervisión más vertical (la preocupación fundamental de la Comisión es que, con estos presupuestos, no cumplamos los compromisos de déficit); además, por pertenecer al euro, hay unos mecanismos de supervisión reforzada, llamados “two pack”. Entre otras cosas, hay que mandar los proyectos de presupuestos para que la Comisión los analice y el Eurogrupo dicte una recomendación. Un día (o varios) desarrollo todo esto.

La cuestión es grave porque si España incumple los objetivos de déficit previstos la Comisión tiene poderes para tomar medidas coercitivas, llegando a la imposición de multas. Pero claro, parece que el Gobierno ha querido pisar el freno en materia de recortes y bajar un poco los impuestos para ganar las elecciones. Tras un pequeño caos de declaraciones sobre qué diría exactamente el informe de la Comisión sobre los presupuestos españoles, parece que la Comisión ha decidido echar un capote al gobierno de España y la versión final del comunicado parece más suave que lo que se había filtrado en un inicio (las previsiones para 2015 se califican de “globalmente verosímiles”, mientras que las de 2016 serían “algo optimistas”). Al final, de todas formas, lo que hace la Comisión es pedir una ejecución estricta de los presupuestos de 2015 y “tomar medidas” para que los presupuestos de 2016 cumplan con las previsiones de déficit. Entre otras cosas, se pide enviar un borrador actualizado del proyecto de presupuestos para 2016 (” the national authorities are invited to submit an updated Draft Budgetary Plan including fully specified regional measures, as soon as possible”) ¿Eso ocurrirá antes de las eleciones? Juzguen ustedes: esta es la portada de El Economista de hoy (14 de octubre de 2015).

Montoro en El Economista dice a la Unión Europea que no tocará los Presupuestos

Tercera barbaridad, esta vez no atribuible al Gobierno. Ese 3% de déficit que necesitamos alcanzar para que nuestras cuentas se consideren más o menos saneadas no obedece a sesudos cálculos matemáticos, sino que la improvisaron un par de economistas en menos de una hora. La cifra fue el tres porque era un número entero y sonaba bien, y no parecía ni muy alto ni muy bajo. No hay más.


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