La izquierda y el voto de pobreza

Durante esta semana, me han llegado a través de Twitter dos noticias que están relacionadas. Ambas son tremendamente ridículas pero ambas tienen un cierto sustrato, coincidente, en el que intentan echar raíces. La primera es la noticia publicada en Mediterráneo Digital, que se define como “Periódico Independiente Políticamente Incorrecto”, lo cual es tremendamente prometedor (y no defrauda). MD parece ser un novato en esto de manipular, porque le sale el tiro por la culata en varias ocasiones, como muestra la imagen, tuneada por @Periodifails, que podéis ver a continuación.

Cena

Cualquiera que haga la cuenta -ahí está hecha- descubrirá que gastarse menos de 40 euros por persona en un restaurante de Vallecas es “tener gusto de millonarios” o “digno del más afamado banquero”. Aparte del detalle de que se haya “filtrado” algo que Podemos ha publicado en su portal de la transparencia.

La otra noticia es la portada del ABC -y supongo que las páginas interiores, pero ya ahí me he negado a entrar- con las fotos de Yanis Varoufakis y Danae Stratou, su pareja, en la terraza de su piso, bajo el titular “Así vive el populismo”; y, luego, “El ministro griego reside en un piso burgués al pie de la Acrópolis y disfruta de otra vivienda en una isla”. Evidentemente, el objetivo es echar mierda a discreción: el ABC es ese diario que sacó una noticia con el titular “Varoufakis, el desaliñado nuevo jefe de la economía griega” el 31 de enero de 2015 y otra noticia titulada “¿Cuánto cuesta la bufanda de Varoufakis?” el 18 de febrero. Cuando hagas lo que hagas, está mal, no tiene mucho sentido preocuparte por lo que digan de ti.

Ni la cena de Podemos-Syriza y la comida de Varufakis y Stratou en su terraza son lujos absurdos y avergonzantes. Una cena a 40 euros por cabeza entra en el rango de una comida de empresa normal, y comer pescado al horno, ensalada y beber vino… bueno, eso. La gente de izquierdas no es que no podamos permitirnos lujos, es que no podemos disfrutar de la vida. Recuerdo la portada de La Razón con una foto con tres sindicalistas tomando una cerveza tras una manifestación. ¡Una cerveza! ¡Anatema! ¿Y por qué? ¿Por qué ese supuesto voto de pobreza de la izquierda? ¿Cómo se construye esta idea de que una persona de izquierdas que se permite “lujos” (y ojo al concepto de lujo que se maneja) es un hipócrita?

La portada de La Razón sólo se puede explicar si se parte de pensar que las personas de izquierdas son los obreros, los pobres, y las de derechas son las ricas: señoritos y burgueses (la relación es bidireccional: hay gente que no entiende que un obrero vote a la derecha). A partir de esa dicotomía, si un político de derechas vive a todo trapo, si el jefe de la patronal tiene un tren de vida inalcanzable para la mayoría de la población, no tiene que dar explicaciones porque se presume que es su dinero. En el caso de un político de izquierdas, o de un líder sindical, como por principio es pobre, probablemente si maneja mucho dinero es que lo ha robado, es dinero público que se ha apropiado. Hipótesis fácilmente falseable, por supuesto (como botón de muestra, basta pensar en las tarjetas “black” de Caja Madrid), pero que puede ser uno de los fundamentos de ese supuesto voto de pobreza izquierdista.

Hay otra mierda argumental pululando por ahí que dice que la izquierda quiere hacer que todo el mundo sea pobre (se puede escuchar en diversas formulaciones: “acabar con los ricos”, “igualar en la miseria”, etcétera). Por tanto, ser un político rico de izquierdas implica no querer para ti mismo lo que planeas para los demás. Lo cierto es que son las políticas de recortes, profundamente regresivas, las que han llevado al empobrecimiento de las poblaciones del Sur de Europa. Pero ya se sabe lo de la realidad y los buenos argumentos.

Es más: no acabo de entender por qué el “lujo”, en sí mismo (hablemos de lujo, siguiendo el bajo umbral que emplean Mediterráneo Digital y el ABC, pero poniéndole comillas) debe ser rechazable. Le doy vueltas y no consigo entenderlo. El “lujo”, en todo caso, sería una manifestación de otra cosa que podría -o no- ser rechazable. Me explico. Varufakis ha trabajado en universidades británicas y estadounidenses, ha trabajado también como diseñador de videojuegos. Es un trabajador asalariado y, si ha ganado su dinero con su trabajo, no veo ningún problema en que lo gaste como le dé la gana. El problema es cuando la riqueza proviene de la explotación de otras personas o del expolio de lo público, y yo mantengo la hipótesis de que escandalosos niveles de riqueza provienen, con bastante probabilidad, de ese tipo de acciones. Sea como sea, en una caricatura de argumento, olvidamos que el problema es la causa (explotación, expolio) y nos centramos en la consecuencia. Y la emborronamos al mezclarla con el perjuicio clasista de que las personas de izquierdas son muertos de hambre, pese a toda la evidencia en contra.

Evidentemente -aunque eso tal vez sea otro debate- ser de izquierdas y vivir dentro de un sistema capitalista crea contradicciones. El ordenador desde el que escribo esto ha sido, probablemente, ensamblado en algún país del sudeste asiático por trabajadores explotados, para una multinacional que elude el pago de impuestos en casi todo el mundo y emplea productos como el coltán cuyo origen no puedo conocer. Pero la solución no es volver a una caverna: esa es otra caricatura de argumento. Nadie nos preguntó dónde queríamos vivir antes de arrojarnos a este mundo. Nos ha venido dado e intentamos sobrevivirlo y transformarlo en la medida de nuestras posibilidades. En último término, se trata (¡nada menos!) que de cambiar colectivamente las relaciones socioeconómicas que atraviesan el sistema global. No hay que buscar la coherencia individual a costa de entrar en una parálisis, sino -desde nuestra impureza- crear y fortalecer redes que puedan derivar en un sistema global más justo.


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3 pensamientos en “La izquierda y el voto de pobreza

    1. Rafael Sanz Autor de la entrada

      Pues, por ejemplo, porque crea que la solución a su situación es individual y no colectiva, crea que si el Estado interviene menos él podrá medrar. O porque coincide con la derecha en temas sociales, si tiene posturas conservadoras. O porque se concibe como superior a otros grupos sociales (lumpen, migrantes…) que le dan más miedo que la oligarquía. Cosas así, diría yo. Habrá tantos motivos como personas.

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      1. Paz Santo Tomás Tarazona

        Gracias por contestar. Creo que la respuesta que mas me convence es que tenga ideas conservadoras de tipo religioso, machismo, clasismo… cosas que le da miedo que un partido de izquierdas no proteja. Pero tienes razón, quién sabe…. Otra cosa que creo pasa es que los conceptos “de izquierdas” y “de derechas” cada vez están mas difuminados. Podrías también tocar este tema.

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