Algunos frikismos tributarios: tomates y fotocopias

Cuando uno pasa tanto tiempo leyendo y escribiendo sobre derecho tributario, acaba siendo un poco friki, y además la gente cercana lo sabe y lo alimenta. Mi amiga Adriana me recomendó Abril quebrado, de Ismail Kadare, por una cuestión fiscal. No es el (único) motivo por el que disfruté mucho ese libro. Pero sucede que en el antiguo kanun (derecho consuetudinario albanés) hay una especie de sistema de vendetta institucionalizado, la venganza de la sangre, por el cual el asesinato de un varón de una familia da a esa familia el derecho, y casi el deber, a matar a un varón de la familia del homicida, en represalia. En el libro se explica como, cada vez que se ejerce ese derecho, hay que pagar un tributo específico, el tributo de la sangre. Y yo -como buen friki- todavía me pregunto si la figura es más cercana a un impuesto o a una tasa.

Los tributos, muchas veces, lo complican todo. Parafraseando a Herbert Hart, todo el mundo sabe que Montoro es calvo y que Pablo Iglesias no lo es. Pero, como dijo el filósofo, “la cuestión de si es calvo un tercer hombre que tiene una mata de cabellos aquí y otra allá podría ser discutida interminablemente si se la considerara importante, o si dependiera de ella alguna decisión práctica”. Los impuestos son una cuestión muy práctica y muy importante: por eso, diferentes tribunales han tenido que dilucidar cuestiones como “¿es el tomate una fruta o una verdura?” o “¿hacer unas fotocopias es una entrega de bienes o una prestación de servicios?”.

Biológicamente, el tomate es una fruta. La ensalada de tomate y aguacate es, en realidad, una macedonia. Ahora bien, ¿qué es el tomate a efectos tributarios? En Estados Unidos, a finales del siglo XIX, la cuestión era importante porque las verduras pagaban un arancel a la importación; y las frutas, no. La Corte Suprema afirmó, en el caso Nix v. Hedden, de 1893, que el tomate entraba en la categoría de “verdura” a la hora de tributar. Y se remitió, para afirmarlo, al precedente establecido en el caso Robertson v. Salomon, donde se había afirmado también que las habichuelas eran verduras, no semillas, y que “whether baked or boiled, or forming the basis of soup, they are used as a vegetable“.

tomateadriàSí, Ferran Adrià no es el único que se hace preguntas extrañas sobre los tomates

¿Hacer unas fotocopias es una entrega de bienes (te entrego un determinado bien, las fotocopias) o una prestación de servicios (sería la conclusión si ponemos el acento en el hacer las fotocopias)? Esa cuestión, en alguna vertiente, la han tratado -que yo sepa- tanto el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) como la Dirección General de Tributos española (DGT).

El TJUE tuvo que tratar esta cuestión porque un reprógrafo francés fue sancionado por no liquidar correctamente el IVA que había cobrado. Él había considerado que lo que realizaba era una prestación de servicios, mientras que la Administración tributaria francesa consideró que era una entrega de bienes. En función de una u otra calificación, el momento en que debía pagarse el IVA era diferente.

Pues bien, el TJUE considera que, con carácter general, estamos ante una entrega de bienes, porque “la actividad del reprógrafo consiste en la puesta a disposición de su clientela de las copias del original que ésta ha proporcionado previamente”, y que el hecho que el precio vaya por fotocopia, independientemente del contenido, muestra que lo relevante es el soporte (la hoja de papel, ya que se cobra por hoja, o por cara) y no el contenido.

Pero, al mismo tiempo, reconoce el TJUE que la actividad del reprógrafo puede ir más allá de la mera reproducción de un original. Puede, por ejemplo, incluir “el asesoramiento y la adaptación, la modificación y la alteración del original”. En estos supuestos, deberá valorarse caso por caso hasta qué punto esas otras operaciones son relevantes; si su importancia queda por encima de la que tenga la realización de la copia en sí misma, estaremos ante una prestación de servicios. Todo muy simple, lo sé.

Un ejemplo de esta cuestión se encuentra en la contestación de la Dirección General de Tributos, de 2002, a la consulta formulada por una Universidad española. Se trataba de determinar cómo tributan en IVA los “préstamos interbibliotecarios entre universidades de España y el resto de países de la Unión Europea, así como el servicio de fotocopias de libros y revistas con destino a la Unión Europea”. En este caso, la conclusión de la DGT fue que estábamos ante una prestación de servicios, lo cual implicaba que la operación quedase exenta de IVA. La conclusión de la DGT puede ser coherente con la jurisprudencia del TJUE si consideramos que la búsqueda del artículo o libro que se pide entre los fondos de la biblioteca es más importante que el hecho, en sí, de fotocopiarlo. Fijaos que, de hecho, la sentencia del Tribunal de Justicia habla de “copias del original que [la clientela] ha proporcionado previamente”.

¿Una conclusión para todo esto? Que cualquier cuestión aparentemente nimia cobra una importancia enorme si está en el límite exacto entre lo que paga impuestos y lo que no los paga.

Y que soy un poco friki, eso también.

Por cierto, yo creo que el “tributo de la sangre” es una tasa.


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2 pensamientos en “Algunos frikismos tributarios: tomates y fotocopias

  1. Guillermín

    Por curiosidad ¿qué gastos públicos estaría cubriendo o financiando el impuesto de sangre si fuera una tasa? ¿servicio de limpieza pública de la sangre de la acera? ¿y si alguien decide matar a alguien a tomatazos? ¿como se distingue la sangre del tomate? ¿sería muerte fraticida o fruticida? Preguntas, preguntas!!

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  2. Rafael Sanz Autor de la entrada

    Por ejemplo, la inscripción del hecho en unos libros muy viejos que permiten, entre otras cosas, llevar control de a qué familia le toca matar al siguiente 😛 En realidad, habría que conocer la cuantía, para ver si excede del coste del servicio o no.

    A lo del tomate prefiero no contestar, porque no me veo capaz de superarlo. “Muerte fruticida”. Adoro el humor tonto :’D

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