Cuéntame cómo montaste tu sicav

La productora de “Cuéntame”, Ganga, ha creado una sicav, Marqueño Capital, que a la fecha está pendiente de inscripción en la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Según la noticia que me pasó una amiga, la ha inscrito Miguel Ángel Bernardeau, el productor de la serie y esposo de Ana Duato. La sociedad tendría un capital mínimo de 2,4 millones de euros y máximo de 24 millones, aproximadamente, y será gestionada por Bankinter. La noticia es una excusa tan buena como cualquier otra para echarle un vistazo al régimen de las sicav. Tienen fama de ser un chollo para ricos, pero he de decir algo. Ya ni las sicav son lo que eran.

Como, para variar, me ha salido una entrada más larga que un día sin pan, resumo:

  • No es verdad que las sicav permiten que los ricos sólo paguen el 1 % de impuesto sobre la renta. Al final se paga más.
  • Hasta 2010, los accionistas podían ir sacando de la sicav una cantidad equivalente al dinero invertido sin pagar ni un duro de impuestos, pero ya no es así.
  • Las sicav sí permiten, hasta cierto punto, decidir cuándo se va a pagar el IRPF correspondiente a un determinado rendimiento. Además, sirven como sociedades interpuestas para adquirir bienes de lujo -como viviendas o vehículos- que usará quien controla la SICAV pero habiendo evitando también aquí el pago de determinados impuestos.

Y ahora vamos allá.

Sicav es el acrónimo de Sociedad de Inversión de CApital Variable. La ley exige que tenga por lo menos 100 accionistas, porque la idea es canalizar el ahorro de pequeños ahorradores que, por sí solos, lo tendrían complicadillo para invertir en los mercados financieros. Pero sabemos que muchas sicav tienen nombre y apellidos, porque en la práctica no son un vehículo de inversión colectiva, sino individual. De una persona con mucha pasta, léase Amancio Ortega, Ana Patricia Botín o, ahora, Miguel Ángel Bernardeau. Las otras 99 personas son empleados, familiares o personas que pone la propia gestora para hacer bulto. Se llaman mariachis, dicen que por la canción aquella de “con dinero y sin dinero hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley” (tal vez la canción haga más llevaderos los aspectos técnicos que siguen. He puesto dibujitos para contribuir también a ello):

¿Cómo funciona una sicav? En teoría, 100 personas aportan un determinado capital, a cambio del cual obtienen las acciones correspondientes. En la práctica, son uno, dos, tres, cuatro gatos y los noventa y pico mariachis que hagan falta. Luego, la entidad es la que invierte ese capital. La sicav tributa al 1 % por sus beneficios, según el artículo 28.5.a) de la Ley del Impuesto sobre Sociedades (el tipo general es del 30 %). Parece una ventaja, pero en el fondo no lo es tanto. Cuando la sicav distribuye beneficios, el que los recibe tributa por la ganancia obtenida en el IRPF. Concretamente, en la escala del ahorro (que va ahora mismo del 21 al 27 %). Así que no es cierto que los ricos no paguen impuestos porque usan sicavs, o al menos no lo es en primera instancia.

Además, otros instrumentos similares tributan también al 1 %, los fondos de pensiones al 0 %, y la inversión directa por parte del contribuyente también tendría un gravamen inferior, porque no hay un gravamen adicional sobre la sociedad: Esta es una de las justificaciones clásicas de las sicav, a la hora de decir que no es para tanto. Pero claro, con la sicav mantienes el 99 % de las ganancias para seguir invirtiendo hasta que decidas retirar parte del dinero (y entonces sí tributas por IRPF), mientras que sin ella lo que te queda es entre el 73 y el 78 % (con los tipos vigentes).

Ahora bien, el mecanismo es muy parecido en el resto de fondos o en los planes de pensiones, que son accesibles a cualquiera. De manera que no es tanto cuestión de las sicav y los ricos, sino de si nos parece justificado que este tipo de inversiones financieras tributen muy poco y las productivas mucho más (frente al tipo del 1 % de los fondos y el 0 % de los planes de pensiones, una empresa que construya aviones tributa al 30 %; y sus accionistas que sean personas físicas igualmente van a pagar el 21-27% cuando reciban dividendos – aunque existe una exención para los primeros 1.500 euros recibidos en un año).

Las sicav estaban parcialmente exentas en operaciones societarias, que es un impuesto indirecto que grava las grandes operaciones de la “vida” de una empresa. Esto significa que no había que pagar nada al constituir la sicav, aumentar su capital, fusionarla con otra o realizar una escisión. Pero ya también da igual, porque ese impuesto se ha perdonado con carácter general a cualquier operación de este tipo, implique a una sicav o no. Una ventaja menos.

En realidad, las principales ventajas son de carácter temporal. No es lo mismo pagar un 21-27 % directamente, cuando se produce el rendimiento, a que haya una sociedad que paga un 1 % y luego el otro 21-27 % ya veremos cuándo me conviene pagarlo.

Es más, hasta 2010 había una forma legal de acceder a los beneficios sin pagar IRPF. Si lo que se hacía era disminuir el capital de la sicav mediante devolución de aportaciones (es decir, si sacábamos el dinero que habíamos invertido) no se tributaba nada. Se aplicaba el criterio FIFO (First In, First Out) por el que se entendía que lo primero que se sacaba era lo primero que se metió (la inversión, y no el rendimiento). El partícipe sólo empezaría a pagar impuestos desde el primer céntimo que saque por encima de lo que aportó en un primer momento. Si nuestro muñequito (¿no es lindo?) había invertido dos millones de euros en la sicav, los primeros dos millones de euros que sacase no tributaban en el IRPF (sí se pagaba un 1 % en concepto de operaciones societarias). Esto tiene efectos colaterales que molan mucho. Si el titular de la sicav fallece sin que haya llegado a pagar por esas plusvalías, él no llegará a pagarlas. Sus herederos tendrán que hacer su última declaración de la renta, pero la “plusvalía del muerto” (si, el nombre es un poco tétrico) no está sometida a gravamen, según el artículo 33.3.b) de la Ley del IRPF. En principio, quien tributaría por ella es el sucesor, en el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones. Pero, como es sabido, este impuesto prácticamente ha desaparecido en muchas Comunidades Autónomas. Así que podrían meterse dos millones de euros en una sicav, vivir de esas rentas y traspasar todos los beneficios obtenidos a los descendientes, virtualmente libres de impuestos. Nuestro Código Civil llama a esto “actuar con la diligencia propia de un buen padre de familia”.

Ahora bien: en 2010 la cosa cambió, de manera que cualquier dinero que se saque de la sicav tributa en la escala del ahorro (21-27 % de IRPF). La modificación se introdujo en los artículos 65 y 75 de la Ley de Presupuestos para 2011, pero con efectos desde el 23 de septiembre de 2010. ¿Por qué esa fecha? Porque es el día anterior a que el Gobierno anunciara la reforma. Además, la norma se está aplicando a todos los contribuyentes españoles, aunque trasladasen la sicav al extranjero. De esa manera, se evitó una huida masiva de sicav que se venía preparando para cuando, previsiblemente, se subiera el tipo de gravamen de estas sociedades. Creo que es de las pocas veces que se calificó como “inteligente” una medida del Gobierno de Zapatero.

Entonces la prensa económica se puso apocalíptica, pero si una persona como Miguel Ángel Bernardeau, tan inteligente, se quiere hacer una, será que las sicav gozan de buena salud. ¿Por qué? Fundamentalmente porque, como dice la publicidad de las entidades financieras, da un gran control a su dueño (si, la publicidad obvia muchas veces el detalle de que sea un instrumento de inversión colectiva) sobre las inversiones y su manejo. Esto permite, entre otras cosas, adquirir bienes de lujo a través de empresas cuyo único activo sea un palacete, un yate o un coche de alta gama. Que no serán, formalmente, propiedad de quien controla la SÏCAV, y por tanto no tributarán por el Impuesto sobre el Patrimonio (las sociedades no están sujetas a este impuesto).

El hecho de que se puede decidir cuando tributar por los dividendos sigue ahí y es una forma interesante de planificación fiscal. Por ejemplo, si sabemos que durante 2012 y 2013 el IRPF está más alto porque hay un recargo especial… ¿qué prisa hay en sacar dinero de la sicav? Que la sicav vaya invirtiendo y ganando dinero, que yo ya tributaré en 2014. O esperaré a tener pérdidas por algún motivo, de modo que pueda compensar con ellas los beneficios y pagar menos a Hacienda.

(nuestro muñequito está pensando, como en Mediamarkt, “yo no soy tonto…”)

Un grave problema de fondo es que se ha permitido que unas sociedades pensadas como instrumento de inversión colectiva están siendo usadas por personas individuales que las manejan en su interés particular. Por eso la publicidad habla de “control de la inversión”, algo que no es posible, por ejemplo, en un fondo de pensiones (ni sería posible en una sicav verdaderamente colectiva). Recordemos la ranchera: “hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley“.

En 2005, la Inspección de Hacienda inició una campaña contra las sicav. Durante ese año, levantó actas a 40 sicav por 60 millones de euros. Consideró que no debían tributar al 1 % sino al tipo normal, entonces del 35 %, porque no cumplían el requisito de ser entidades colectivas: estaban bajo el control efectivo de una persona o familia y eso era contrario al espíritu de la norma. La “solución” vino de la mano de una propuesta de CIU, aprobada con el apoyo de todos los grupos parlamentarios salvo Izquierda Unida, que dio en exclusiva a la Comisión Nacional del Mercado de Valores -CNMV- la competencia para decidir si se cumplía el requisito de los 100 accionistas y, por tanto, correspondía aplicar el tipo del 1 % (cuentan las malas lenguas que el vicepresidente de la CNMV tenía una sicav de esas llenas de mariachis). Y así está la cosa desde entonces.

En resumen: las sicav son instrumentos que permiten un importante control sobre las inversiones a quien en la práctica es su titular y, aunque no pasan por su mejor momento, siguen teniendo algunas ventajas, fundamentalmente la de decidir cuándo se tributará en IRPF por los beneficios producidos. El Gobierno y el Parlamento saben perfectamente que muchas sicav tienen de colectivas sólo el nombre; y lo saben perfectamente porque se movieron para que así pudiera continuar siendo, con la aquiescencia de una CNMV cuyo vicepresidente ya se había apuntado al carro desde el primer momento. El escándalo, fundamentalmente, está ahí. La pena es que sería muy fácil de solucionar (una participación máxima para cada accionista del 5 %, por ejemplo) pero obviamente no existe la intención de hacerlo. Ni de lejos.

Sí se les dio una interesante zancadilla -e inesperada- en 2010, al establecer que las reducciones de capital tributarían en todo caso. Posiblemente gente muy imaginativa haya encontrado nuevas formas de combinar las sicav con otros instrumentos para pagar lo menos posible. Porque, al final, el problema es que tenemos a gente cuyo trabajo es buscarle las cosquillas a las leyes para que sus clientes -los que pueden pagarlo, claro- tributen lo menos posible. El principio de progresividad dice que mientras más rico se es, más impuestos se deberán pagar. La realidad nos muestra que al contrario, mientras más rico se es, mejores asesores fiscales se pueden contratar.

Bonus track: Mis mariachis preferidos. Minipunto para quien sepa qué es esto.


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3 pensamientos en “Cuéntame cómo montaste tu sicav

  1. jamonetir

    Si que tributan por el impuesto de patrimonio, y cualquier yate que puedan llevar dentro, que será menos del 5% de sicavs, acabará pagándolo igual si procede en su comunidad

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    1. Rafael Sanz Autor de la entrada

      No, las personas jurídicas (como las SICAV) no tributan por Impuesto sobre el Patrimonio; sólo lo hacen las personas físicas.

      Sobre el 5%, no sé cuántas SICAV estarán constituidas en fraude de ley; sería interesante que la Inspección pudiera decírnoslo. Pero claro, no le dejan.

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  2. David

    Muy interesante el artículo.

    ¿Como está el tema en la actualidad? ¿Sigue igual que hace tres años cuando publicaste el artículo? ¿O hubo algún tipo de novedad?

    Y si por ejemplo, yo heredo una SICAV, como tributaría? ¿Es exactamente igual que yo herede una empresa?

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