Breve introducción al pacto fiscal

El “pacto fiscal” al que se refiere la CEPAL es un pacto de la ciudadanía. No es un pacto entre regiones -no vamos a hablar de la reunión entre Rajoy y Mas- ni entre Estados, como el Pacto Fiscal Europeo. Vamos a hablar de la necesidad de un nuevo pacto en el seno de la sociedad. En su definición “clásica”, es “el acuerdo sociopolítico básico que legitima el papel del Estado y el ámbito y alcance de las responsabilidades gubernamentales en la esfera económica y social”.

El pacto fiscal se formuló en América Latina a finales de los años 1990 ante la crisis de la deuda y la reformulación del papel del Estado, en gran medida consecuencia del influjo de los fenómenos globalizadores. En España estamos en una nueva fase de ese mismo proceso con una nueva oleada desregularizadora y un recorte del papel del Estado (recorte que se ensaña con el Estado del bienestar). En los años 1990, los países de América Latina habían salido recientemente de regímenes dictatoriales y atravesaban una década de absoluta vigencia del Consenso de Washington. El pacto fiscal estaba llamado a equilibrar las políticas que seguían los gobiernos y que estaban más centradas en buscar el equilibrio presupuestario que en alcanzar la equidad (¿suena de algo?).

Así, la CEPAL consideró que a los “avances democráticos” debía sumarse la generación de “consensos duraderos sobre un régimen fiscal capaz de compatibilizar la estabilidad macroeconómica con las responsabilidades públicas en materias de crecimiento y distribución”. ¿Cómo? La CEPAL hizo referencia a cinco puntos, que son los siguientes.

    1. La consolidación del ajuste fiscal. El pacto fiscal se formula en un momento de desequilibrios presupuestarios que deben superarse. El término “ajuste”, en nuestro contexto, hace que salten todas las alarmas. Pero se trata de obtener una correlación sostenible entre ingresos y gastos (incrementando los primeros, reduciendo o racionalizando los segundos, o realizando ambas cosas) y que no vaya en merma de la equidad social.
    2. El incremento de la productividad del gasto público. Las opciones son múltiples, y según la CEPAL pueden exigir modificar los modos de gestión, racionalizar la estructura administrativa y su descentralización o la privatización de determinados servicios, entre otros.
    3. La transparencia de la actuación pública, transparencia que es un “elemento esencial de los acuerdos democráticos que son esenciales para una fiscalidad sana”. La opacidad puede dar lugar tanto a ineficiencias como a injusticias.
    4. La promoción de la equidad a través de la acción estatal: tareas de promoción de la igualdad de oportunidades, con sus expresiones, por ejemplo, en el ámbito de la educación, la salud y el empleo, y tareas de protección a poblaciones vulnerables; y equidad en el reparto de las aportaciones a las cargas comunes y su efectiva ejecución, luchando contra el fraude fiscal.
    5. El fortalecimiento de los valores de la democracia política. La democratización debe alcanzar a las instituciones fiscales.

Obviamente, todos estos elementos están estrechamente relacionados entre sí: hemos señalado, por ejemplo, que la falta de transparencia daña también la eficacia, la equidad y, también, la democratización. Es necesario incrementar la productividad del gasto público para mejorar la equidad dentro de un marco de sostenibilidad financiera. Etcétera. No puede tocarse uno de ellos sin que se afecte a los demás; no puede alcanzarse un acuerdo que se pretenda estable sobre sólo uno de estos aspectos, sino que deberá alcanzar a todos ellos.

Juan Carlos Lerda calificó este modelo, en “El Pacto Fiscal visto a sus 10 años“, como la búsqueda de “un heterodoxo equilibrio cognitivo” que critica la “perspectiva tecnocrática”. El pacto fiscal es un modelo que se creó para introducir los elementos políticos (y no sólo los técnicos) en el debate fiscal; se creó para introducir exigencias de equidad cuando la preocupación básica y casi exclusiva de los gobiernos era la estabilidad de las variables macroeconómicas. Todo esto, en el contexto español, es más que conocido; pero otros estuvieron allí antes que nosotros. De modo que hay muchas cosas que podremos aprender de la reflexión latinoamericana sobre el pacto fiscal para aplicarlas a nuestra realidad y transformarla.


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