Algunas notas sobre asesores fiscales y ética

Seguro que podemos encontrar diferentes ideas sobre cuál es la función de un asesor fiscal. Hablando con una abogada neerlandesa de la PwC, me hablaba de la concepción tradicional (“the old way”) y de la nueva. La concepción tradicional es que el objetivo último del asesor fiscal es reducir la carga impositiva que soporta su cliente. La nueva concepción aplica un concepto más complejo: se trata de reducir el riesgo fiscal. De garantizar en la medida de lo posible que la Administración no revisará la declaración tributaria y así evitar los consiguientes costes para la empresa (desde intereses, recargos o sanciones hasta los costes del litigio y la incertidumbre asociada a éste, además de daños a la reputación). Esto puede -y suele- implicar una carga fiscal más elevada, pero se trata de un factor asumible desde esta perspectiva.

¿Por qué debería un asesor fiscal tender a reducir a toda costa la carga fiscal de su cliente? ¿No debería limitarse a ayudarlo al cumplimiento correcto de sus obligaciones fiscales y a garantizar la eficacia de sus derechos? El clásico dilema moral entre los estudiantes de Derecho es si podrían defender a un asesino, a un violador. Pues bien: aunque también de este abogado deberá exigirse una ética -no todo vale- en ese caso se trata simplemente de garantizar el derecho constitucional a la defensa de todo acusado, nada más. La pregunta es: ¿y no debería causar un dilema moral realizar planificación fiscal agresiva en beneficio de una empresa? La planificación fiscal no tiene como objetivo facilitar el cumplimento de las obligaciones del contribuyente. Tampoco hablamos de garantizar la eficacia de sus derechos: no existe un derecho a minimizar la carga fiscal. Existe el libre desarrollo de la personalidad y la libertad de empresa en la Constitución, así como la autonomía negocial en el Código Civil. La posibilidad de organizar nuestra actividad económica de manera que se reduzca la carga impositiva es una consecuencia de estos derechos: no un derecho autónomo. Si la finalidad de minimización del impuesto se coloca por encima de las finalidades de tales derechos, se los estaría colonizando, destruyendo su razón de ser, atentando contra su función.

La concepción que trasluce a la idea tradicional de la función del asesor fiscal es que el tributo es una injerencia del Estado en la libertad y la propiedad del individuo. Y esa es una idea decimonónica, espero que cada vez más en sus dos acepciones. En una sociedad donde el tributo es uno de los pilares básicos del tipo de Estado por el que hemos optado, el Estado social; en un momento en el que dicho modelo se está poniendo en cuestión; es ahora cuando los asesores fiscales deben darse cuenta de que su tarea no sólo sirve a un cliente, sino que debe servir a la sociedad en su conjunto.


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