Pensando una política migratoria en época de vacas flacas

En España, el debate sobre (in)migración ha estado muy condicionado por un momento concreto de rápido crecimiento de la población extranjera. Como país de emigrantes que éramos hace no tanto (y que, a este paso, volveremos a ser), existió durante un tiempo la percepción de que llegaban demasiados inmigrantes. La gráfica de abajo muestra el porcentaje de españoles que consideraba, en las sucesivas encuestas realizadas por el CIS, que la inmigración era uno de los tres principales problemas de España:

Porcentaje de población que afirma que la inmigración es uno de los tres principales problemas en EspañaFuente: elaboración propia con datos del CIS.
Las marcas en el eje horizontal se corresponden con el dato de enero de cada año

Creo el discurso sobre la inmigración ha estado fuertemente influido por la percepción de que la inmigración era excesiva y que era necesario cerrar las puertas. Sin embargo, con los datos en la mano, parece que debemos considerar que los flujos migratorios tienen una cierta lógica: que la inmigración hacia España creció cuando crecía la economía y era necesaria mano de obra; que ahora, cuando no hay trabajo, la llegada de inmigrantes ha cesado y la población inmigrante se ha estabilizado:

Porcentaje de población extranjera en España
Porcentaje de población extranjera en España. Fuente: Wikimedia Commons

Ahora que tenemos datos estadísticos que demuestran que los inmigrantes no vienen a invadirnos y comerse a nuestros niños sino a buscarse las habichuelas, y ahora que el discurso xenófobo y restrictivo de derechos parece que ha pasado a un segundo plano (con la excepción de Cataluña, ellos siempre tan europeos), podríamos intentar reflexionar para construir una política de inmigración más coherente y más respetuosa con los derechos de los migrantes.

Uno: hasta cierto punto, la inmigración se autorregula. No hay que temer tanto a la llegada de inmigrantes, porque obedece a razones determinadas y responde ante la variación de dichas circunstancias. La crisis ha frenado en seco la llegada de inmigrantes porque los inmigrantes (económicos) se buscan la vida, y sólo vienen si perciben que tienen posibilidades de mejorar.

Dos: por tanto, no se trata de frenar la inmigración, sino de gestionar bien los flujos migratorios. El objetivo debería ser facilitar la entrada y salida de migrantes. Si es fácil entrar, se favorece ese mecanismo de autorregulación. Bajo la normativa vigente (y según mi experiencia como asesor), migrantes que planearon una estancia breve tuvieron que prolongarla para amortizar los costos que supuso conseguir emigrar a España. Se produce la paradoja de que una normativa migratoria restrictiva acaba por favorecer la permanencia en España, al tiempo que produce una pérdida del vínculo con el país de origen.

Tres: jurídicamente, veo necesarios dos mecanismos. Es básico que pueda obtenerse, sin demasiadas trabas administrativas o económicas, un visado para la búsqueda de empleo, que tendría una duración limitada y permitiría, presentando un contrato de trabajo, pasar directamente a un permiso temporal de residencia (hoy en día existen, pero tienen unas condiciones muy restrictivas). Además, sería conveniente orquestar mecanismos para flexibilizar entradas y salidas, como la posibilidad de suspender la vigencia de un permiso de residencia o que los períodos de residencia se contabilicen para la obtención de la residencia permanente, aunque no se hayan disfrutado de manera continuada.

Cuatro: gestionar los flujos migratorios desde una perspectiva meramente económica es un profundo error. Ya he puesto Hijos de los hombres como un ejemplo a no seguir.

Cinco: la migración, especialmente si no se establecen trabas para mantener vínculos con el país de origen de los inmigrantes, puede ser ventajosa tanto para el Estado de origen como el de acogida. Esto estaría en la línea de lo que Sami Naïr denomina codesarrollo. Una cooperación entre países del Sur y del Norte donde los migrantes serían vértices de desarrollo social, cultural y económico. La idea del politólogo (nacido argelino y nacionalizado francés) pasa por una política de integración de los inmigrantes sumada a una “solidaridad activa” en relación a los países de origen que cree las condiciones necesarias para ayudar a los potenciales migrantes a quedarse en sus países.

Seis: si hemos sido capaces de llegar a acuerdos con Estados africanos para externalizar centros de internamiento de extranjeros, poco dirá de nosotros no ser capaces de colaborar en la línea del codesarrollo.


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Un pensamiento en “Pensando una política migratoria en época de vacas flacas

  1. ShaNMarT

    Estoy muy de acuerdo con esta entrada y hay poco más que añadir. Simplemente que los que tengan que tomar nota, la tomen efectivamente y luego se aplique. Soñar es gratis.

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