Grecia, revuelta fiscal y referéndum

Un tema que me apasiona es qué lleva a la gente a pagar voluntariamente sus impuestos. Los modelos más recientes hacen referencia a la percepción de justicia del sistema por parte del ciudadano/contribuyente y a la idea de un pacto alcanzado en la sociedad, de manera implícita o explícita, y que involucra a las instituciones. Leía hace algunas semanas que según El País, en Grecia están en plena revuelta fiscal. Hay un artículo de Yanis Varufakis, de la Universidad de Atenas, que lleva por título El último recurso de la dignidad robada y que describe un “clima de quiebra total del contrato social entre el Gobierno y los gobernados” donde “a los ciudadanos les resulta fácil decir que la justicia requiere desobediencia fiscal y civil”. Por eso creo que se ha perdido una oportunidad al renunciar, finalmente, a convocar un referéndum. Hubiera sido una forma de dar la legitimidad perdida al rumbo de la política griega. Y sí, las opciones no serían nada halagüeñas (aceptar el rescate y el correspondiente plan de ajuste o salir del euro), pero es que la situación tampoco lo es.


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4 pensamientos en “Grecia, revuelta fiscal y referéndum

  1. O profundador

    “Por eso creo que se ha perdido una oportunidad al renunciar, finalmente, a convocar un referéndum”.

    Cierto, pero eso de la legitimidad democrática solo les preocupa a perroflautas empedernidos como Ud. y como yo. Por cierto, ¿ha leído Ud. el titular de esta noticia (http://tinyurl.com/cfvo2jp)? A mí me parece preocupante, aunque, como soy un perroflauta, no me tomo muy en serio mi propia opinión…

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  2. Rafael Sanz Autor de la entrada

    Creo que confunde usted los términos. Los perroflautas, como los jacobinos, no se preocupan por las elecciones, porque lo que queremos es, como todos saben, dar un golpe de Estado.

    Y ya en serio, esta supuesta disyuntiva que se está creando entre reformas y consultas (elecciones, referéndums) es muy, muy, preocupante. Y lo peor es que la frase no se la han inventado los periodistas (ya se sabe que sucede mucho), sino que está, tal cual, en la nota de prensa (http://www.consilium.europa.eu/uedocs/cms_data/docs/pressdata/en/ec/126030.pdf). Porque claro, las elecciones hacen que las reformas tarden más en llegar (otra disyuntiva aparente: justicia o eficacia).

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    1. O profundador

      Sí, es muy preocupante… pero no sorprendente. A ver si me explico. Cuando los gobernantes están imbuidos de un profundo desprecio por “las masas”, es inevitable que esa actitud acabe por aflorar (bajo la forma, por ejemplo, de declaraciones como las que a Ud. y a mí nos han alarmado). Y yo me temo que a varias generaciones de economistas (hoy consejeros áulicos, mañana tal vez príncipes) se les ha estado inculcando, so capa de ciencia, una doctrina difícilmente conciliable con los valores que son fundamento de nuestro Estado de Derecho. Sin saberlo del todo (o incluso sin saberlo en absoluto), están más cerca de Carl Schmitt que de Elías Díaz (sería más “chic” 😉 citar a Hans Kelsen, supongo, pero no me atrevo, porque no lo he leído). Lo más gracioso del asunto es que, pese a sus alardes de superioridad, no dejan de ser unos ingenuos. Es ingenuidad, y grave, creer que se puede gobernar de espaldas a la ciudadanía sin ofrecerle otra cosa que desempleo y recortes. Cuando “las masas”se ven expulsadas de la política, pueden mantenerse en calma durante bastante tiempo, siempre y cuando se cumpla esta condición: que su nivel de vida se eleve o, por lo menos, que no se deteriore sensiblemente. Si esta condición no se cumple, la calma tiene fecha de caducidad; poco a poco, irán creándose las condiciones ambientales necesarias para el desarrollo de un movimiento cesarista que barra de la escena a esos personajes… y, con ellos, muchas cosas que ni ellos, ni Ud., ni yo querríamos perder… Moraleja: si se hace necesario demandarle sacrificios a “las masas”, conviene no hacerlo con aires de “panadero”…

      Por cierto, escribo siempre “las masas”, entre comillas, porque es esa una expresión que me disgusta profundamente. La uso a regañadientes, sin comprometerme con ella (y menos aún con las actitudes que denota). El porqué de esa repugnancia, Juan de Mairena lo explica mucho mejor de lo que yo podría hacerlo jamás:

      “El hombre masa, no existe; las masas humanas son una invención de la burguesía, una degradación de las muchedumbres de hombres, basada en una descualificación del hombre que pretende dejarle reducido a aquello que el hombre tiene de común con los objetos del mundo físico: la propiedad de poder ser medido con relación a unidad de volumen. Desconfiad del tópico «masas humanas». Muchas gentes de buena fe, nuestros mejores amigos, lo emplean hoy, sin reparar en que el tópico proviene del campo enemigo: de la burguesía capitalista que explota al hombre, y necesita degradarlo; algo también de la iglesia, órgano de poder, que más de una vez se ha proclamado instituto supremo para la salvación de las masas. Mucho cuidado; a las masas no las salva nadie; en cambio, siempre se podrá disparar sobre ellas. ¡Ojo!”

      Y esto es todo. ¡¡¡Perdón por la parrafada!!!

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  3. Rafael Sanz Autor de la entrada

    La parrafada no hay que perdonarla, más largas las suelto yo en las entradas del blog. Muy de acuerdo con todo, pero hay una cosa que me ha encantado: esa idea de que cierta doctrina económica, bajo la apariencia de ciencia, va introduciendo valores contrarios a los que, en principio -aunque eso también es una idea aproximada- hemos acordado entre todos y plasmado en los textos constitucionales.
    Y claro, como la economía es ciencia exacta e infalible, no puede contrariarse sin provocar la ira de los dioses. Habría que analizar ese lenguaje religioso con que se está vistiendo la economía (como decía alguien en politikon, esa explicación de la crisis desde los conceptos de pecado y culpa).
    Por cierto, la otra cosa que me ha encantado es la cita de Juan de Mairena, claro está 😉

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